La manada

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            La manada se hace vieja, ya no se juega inconscientemente, ahora hay necesidad de mirarse a los ojos, de romper las vergüenzas que nos frenan, de sentir en algo mas que en el apareamiento, de rugir en paralelo, apoyando la voz en el oído cercano, como una caricia sin manos, tumbarse a rumiar la vida mientras la cercanía, rumia plenitud.

            Los nuevos cachorros desplazaran el sitio, el tiempo y los presentes, toda la vida anterior pasará al recuerdo fugaz de nuestros olores, tenemos que soltar amarras del pasado, olvidarnos de los territorios ocupados, convencernos de un presente, que dudamos si queremos y decidirnos de bruces contra el futuro efímero que nos regala esta vida.

              Los animales, que etiquetamos tan irracionales, no quieren jaulas, ni parques tranquilos donde les den la comida a la boca, ni la comodidad que les mata lentamente, ellos prefieren la duda del comer diario, del dormir intranquilos, de preocuparse por su vida, de poder estar donde quieren, y sobre todo, de ser ellos mismos.

 Leonor Canseco

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