“A los caídos por la livertá”

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“A los caídos por la liverta”, decía la única cruz que quedaba en una fosa común patagónica donde se enterró a un centenar de obreros patagónicos fusilados en 1921, durante el gobierno de Hipólito Yrigoyen por el teniente coronel Varela, con la anuencia de los estancieros británicos.
Pero lo de la cruz y su recuerdo es apenas una anécdota. Los datos fríos hablan de 1500 peones rurales fusilados por las fuerzas del gobierno de Yrigoyen y el estímulo de los estancieros ingleses (acostumbrados al fin y al cabo a tratar como esclavos a sus empleados) para aplicar la ley marcial contra los insubordinados, mayoritariamente anarquistas.

Anamnesis

Saber escuchar, saber decir no. Conversación con Arnoldo Kraus

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En la carrera de medicina, después del rigor de las llamadas materias básicas, el alumno inicia su entrenamiento en la clínica. Las materias básicas son, entre otras, anatomía, histología, fisiología y embriología. Una de las primeras palabras que se aprende en la clínica, antes de enfrentarse a los enfermos, es anamnesis. La anamnesis, para quien ejercerá la clínica es más básica que las materias básicas: de ella depende el éxito del médico y, en ocasiones, el destino del enfermo. No por ser una vieja palabra, la anamnesis ha caído en desuso; su impopularidad se debe al poco interés por el diálogo y la escucha que hoy priva y define a la sociedad contemporánea.

La palabra anamnesis, explica el Diccionario de la lengua española, tiene dos significados: conjunto de los datos clínicos relevantes y otros del historial de un paciente, y, representación o traída a la memoria de algo pasado. La primera se refiere a la medicina; la segunda habla de la reminiscencia. Ambas definiciones, la que da voz al enfermo, y la que da pie a la filosofía, tienen muchos entrecruzamientos; el historial clínico desglosa la vida o las vidas del paciente mientras el recuento del pasado le imprime una dosis platónica al estudio de la enfermedad. Leer los dolores de la persona arropados por algunos consejos filosóficos deviene arte médico.

El clínico avezado sabe que antes de acercarse al enfermo para tocarlo, auscultarlo o pedirle que camine debe escucharlo para enterarse de algunas porciones de su pasado. Conocer el pasado es indispensable para construir el presente de la persona enferma. Al conocerlo se evocan fragmentos de la vida sana, porciones de la convivencia familiar y episodios del contexto social del enfermo. Con frecuencia, escuchar es suficiente para diagnosticar. Lo que sigue, el examen físico, complementa el significado de las palabras. Muchas personas, cuando hablan de su mal, suelen hacerlo sin ambages. La enfermedad ofrece la posibilidad de mirarse y abrirse sin temor al revelar algunas historias oscuras, penosas o dolorosas. Cuando los enfermos hablan, regresan al pasado y desmenuzan su figura, otrora sana, mientras dibujan al unísono, el entorno que los envolvía. Esas miradas evocan reminiscencias, vivencia emparentada con la anamnesis del filósofo griego.

Para Platón el saber como un recordar o el diálogo del alma consigo misma representan el meollo de la anamnesis. Los griegos apreciaban profundamente la anamnesis porque les permitía a las personas regresar al tiempo anterior al nacimiento; desde ahí, in utero, el hombre tenía la posibilidad de rememorar y entender la verdad por medio del recuerdo; ese saber como un recordar les ofrecía la oportunidad de acceder al mundo de las ideas.

Algunos doctores, cuando interrogan al enfermo acerca de sus síntomas, lo hacen desde la semiología médica y desde la anamnesis platónica. Al recabar los datos clínicos por medio del interrogatorio el médico sugiere a la persona que recuerde parte de su vida. Recordar permite entender algunas de las razones que facilitaron el desarrollo de la enfermedad. La anamnesis abre las puertas para que el alma se apersone y complemente el diagnóstico. Los clínicos de antaño afirmaban que la historia clínica –instrumento que utiliza el médico para interrogar y explorar– debía permitir al enfermo expresar todo lo que fuese importante para él. Esos galenos afirmaban que el interrogatorio debía ser una suerte de tribuna libre, es decir, un espacio donde el enfermo narrase su versión acerca de sus males.

Cuando el encuentro entre médico y paciente funciona la anamnesis aporta buena parte de los diagnósticos. Ese diálogo evita recurrir a múltiples y costosos exámenes de laboratorio o de gabinete, que, además, tienen la posibilidad de dañar. La complicidad y la confidencialidad entre médico y enfermo surgen a partir de la anamnesis a lo cual debe agregarse que la confianza le permite al enfermo entregarse sin temor a ser juzgado.

Desafortunadamente la anamnesis ha quedado relegada. La palabra, el diálogo, la escucha han perdido relevancia. Algunas historias permiten comprender que la anamnesis debe seguir siendo el corazón de la medicina. Comparto tres vivencias. Un paciente afirmó: Descubrí que tengo cáncer de colon porque soñé muchas veces con el ginecólogo que me atendía y que murió hace muchos años como consecuencia de ese tumor. Un compañero comentó que un paciente se suicidó cuando se le quitó el insomnio que padeció durante veinte años y que lo llevaba de un consultorio a otro, de una ciudad a otra en busca de remedios mágicos, de un diván a otro para saber si era la madre o el padre el responsable de su insomnio y de los brazos de una amante a otra en busca de la cura. Finalmente, un paciente octogenario, con los ojos anegados por lágrimas debido al reciente fallecimiento de su hija por cáncer de mama, aseguró que cuando vi el ultrasonido de María, mi segunda hija, me percaté inmediatamente de que la niña sería idéntica a Ximena, mi hija primogénita recién fallecida.

La anamnesis clínica es un arma médica invaluable que se tiñe de inmensa sabiduría cuando se piensa en la anamnesis platónica. Conocer es recordar, sugirió Platón. Recordar es conocer enseñan los enfermos.

Arnoldo Kraus

La Jornada

 

 

 

Las putas de San Julián

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http://www.elortiba.org/patag.html

        “Las putas de San Julián”, título de la obra dramática que Osvaldo Bayer estrenará el 16 de junio en el Teatro Cervantes, de Buenos Aires, está basada en uno de los capítulos de su libro “La Patagonia Rebelde”. Cuenta la historia de las cinco prostitutas o pupilas del prostíbulo “La Catalana” de Puerto San Julián, que se negaron a tener sexo con los soldados que fusilaron a obreros durante la huelga de peones rurales en Santa Cruz, alegando que “no se acostaban con asesinos”.
El historiador cuenta que la situación ocurrió el 17 de febrero de 1922, una vez que la matanza de alrededor de 1.500 peones había acallado toda intención de protesta de los trabajadores de las estancias y tuvo como protagonistas a cinco meretrices que ofrecían sus servicios en el prostíbulo “La Catalana” de Puerto San Julián.
Bayer relata que como modo de premiar a sus hombres después de la masacre, el teniente coronel Héctor Benigno Varela decide regalarles la visita de los prostíbulos, antes que se subieran al barco en el que emprenderían un largo viaje de regreso Buenos Aires.
Sin embargo, los soldados que estaban haciendo fila frente a “La Catalana”, se quedaron con las ganas de saciar sus deseos sexuales. La dueña del prostíbulo, Paulina Rovira, les avisó a los suboficiales que las mujeres se negaban a atender a los soldados.
“El suboficial y los conscriptos lo toman como un insulto, una agachada para con los uniformes de la Patria. Además, la verdad es que andan alzados. Conversan entre ellos y se animan. Todos, en patota, tratan de meterse en el lupanar. Pero ahí salen las cinco pupilas, con escobas y palos, y los enfrentan al grito de ‘asesinos’’, ‘porquerías’, ‘cabrones mal nacidos’. Y- según el posterior protocolo policial- “también otros insultos propios obscenos propios de las mujerzuelas”, describe Bayer.
Las cinco mujeres terminaron en la comisaría del pueblo, aunque luego fueron liberadas. A partir de los archivos de la comisaría de San Julián, Bayer incluso logró identificar a las heroínas que atrevieron a enfrentarse a “asesinos de obreros”: Consuelo García, argentina, 29 años; Angela Fortunato, argentina 31 años; Amalia Rodríguez, 26 años; María Juliache, 28 años, española y Maud Foster, 31 años, inglesa, con 10 años de residencia en el país.

http://www.elpatagonico.net/nota/194470/

Lugares comunes

Robles y la clase

Robles y la clase

Guarden los apuntes, no vamos a hablar de Rayuela, terminen de leerla los que no lo hayan hecho, léanla bien, no se dejen engañar por la forma, por el humor de Cortazar, es la historia de amor mas desgarrada que conozco, espero que sientan el mismo placer que sentí yo al leerla, si no les mueve un pelo, los que se joden son ustedes. El año que viene casi todos ustedes serán profesores, de literatura no saben demasiado, pero lo suficiente para empezar a enseñar, no es eso lo que me preocupa, me preocupa que tengan siempre presente que enseñar quiere decir mostrar, mostrar no es adoctrinar, es dar información, pero dando también, enseñando también el método para razonar y cuestionar esa información. Si alguno de ustedes es un deficiente mental y cree en verdades reveladas, dogmas religiosos o doctrinas políticas, sería saludable que se dedicara a predicar en un templo o desde una tribuna, si por desgracia siguen en esto, traten de dejar las supersticiones en el pasillo antes de entrar al aula, no obliguen a sus alumnos a estudiar de memoria, eso no sirve, lo que se impone por la fuerza, es rechazado y en poco tiempo se olvida, ningún chico será mejor persona por saber de memoria el año en que nació Cervantes, pónganse como meta enseñarles a pensar, que duden, que se hagan preguntas, no los valoren por sus respuestas, la respuesta no son la verdad, buscan una verdad que siempre será relativa, las mejores preguntas son las que se vienen repitiendo desde los filósofos griegos, muchas son ya lugares comunes, pero no pierden vigencia, ¿Qué?, ¿Cómo?, ¿Dónde?, ¿Cuándo?, ¿Por qué?, si en esto admitimos también, eso de que la meta es el camino, como respuesta no nos sirve,  describe la tragedia de la vida pero no la explica.

Hay una misión o un mandato que quiero que cumplan, es una misión que nadie les ha encomendado, pero yo espero que ustedes como maestros, se la impongan a si mismos, despierten en sus alumnos el dolor de la lucidez, ……… sin limites,……. sin piedad.

El otro lado del Qolqa

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Simona

Simona

Los pastores del agua

El Escarbo del Canal Mismi es una tradición ancestral del pueblo de Yanque (ubicado en el Cañón del Qolqa). Sus orígenes se perdieron de la memoria de sus ancestros, pero cada año, este trabajo comunal y ritual se revitaliza con la misma fuerza.
A las arrieras que supieron nutrirnos con alimentos y abrigo durante estos días en montaña.

A los barreteros y lamperos, porque su trabajo asegura la vida en el valle.
A todas las autoridades políticas y comunales del distrito de Yanque por su buena organización.

La música “The Journey” es del Gran Gustavo Santaolalla.
las imágenes de Marco Antonio Arango.

Video

http://www.youtube.com/watch?v=Pty1tzxVofk&noredirect=1

Autor

http://ojosqueaprendenamirar.blogspot.com.es/