Chontachaca

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ChontachacaPequeños Templos para Grandes creyentes

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Gente necesaria

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Hay gente que con solo decir una palabra
enciende la ilusión y los rosales;
que con solo sonreír entre los ojos,
nos invita a viajar por otros mundos
y permite florecer todas las magias.

Hay gente que con solo dar la mano,
rompe la soledad, pone la mesa,
sirve el puchero, coloca las guirnaldas;
que con solo empuñar una guitarra
te regala una sinfonía de entrecasa.

Hay gente que con solo abrir la boca,
llega hasta los límites del alma,
alimenta una flor, inventa sueños,
hace cantar el vino en las tinajas.
Y se queda después como si nada.

Y uno se va de novio con la vida,
desterrando una muerte solitaria,
pues sabe que a la vuelta de la esquina,
hay gente que es así, tan necesaria.

Gente  necesaria

Hamlet Lima Quintana

Radical

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Mosi-oa-Tunya

Mosi-oa-Tunya / 

A la raíz va el hombre verdadero.

Radical no es más que eso: el que va a las raíces.

No se llame radical quien no vea las cosas en su fondo.
Ni hombre, quien no ayude a la seguridad y dicha de los demás hombres.

José Martí

Interruptor de Tiempos

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Tiempos del tiempo

Tiempos del Tiempo

Descendía sobre su balsa, la corriente zarandeaba sus costados y el descanso en su marcha, era casi nulo. Era elegante el deslizarse sobre el agua y entre la brisa, mientras que el calor del sol, abrigaba la piel.

Sobre las maderas curtidas, se amontonaban los repartos, las pieles y las frutas, las telas y los libros, las vituallas y semillas, los deberes y los tajos, mientras, sobre si, se amontonaban los cansancios, alegres y queridos, pero cansancios, que en esa factura cariñosa de su vida, guarda en el armario de su pecho.

Salgo a su llegada con lo nada que tengo, solo mi mano y un interruptor, ni tan siquiera una varita mágica de juguete, también soy elemento de trueque, y aunque punto en el costado del río, punto que conforma la orilla.

El interruptor suena con su chasquido seco, y todo queda en silencio absoluto, el descanso oblilateral, intercambia la tibieza entre mejillas, mientras el reposo y el silencio, avivan la recepción de cualquier sentido y sentimiento.

Es un breve espacio de tiempo, en la brevedad de la vida, en el infinito de nuestra ignorancia, en la grandeza de lo por conocer, que nos permite disfrutar de la nada, el mundo paralizado que nos habla y al que solo en la nada, somos capaces de escuchar.

Ya es tiempo de partir, alisamos el cabello, sonreímos al instante presente y  nos disponemos  en saludo, ahora ya podemos volver a accionar el interruptor, y a su sonido seco, vuelven a moverse las aguas del río, las agujas de los relojes y la vida en el entorno.

Este interruptor atípico, que no paga factura, ni tiene contador, no hay pared que lo sostenga, ni habita en dueño sin corazón.

 Leonor Canseco