Cachorro

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Me llegan las imágenes de una amplia sabana, donde el espacio es abierto y limpio hasta el horizonte, así me parece la vida cuando no tenemos delante ningún obstáculo insalvable, cuando la edad y el conocimiento nos dicen que el juego es el único alimento de la vida.

Así los cachorros de los moradores pelean y retozan, a la vez que su cabeza se pierde en la inocencia que rebosa.

Los juegos van cambiando, los cromos de la estepa ya son paisajes a conocer, donde el saber moverse, el saber donde está el trafico o la panadería, empieza a tener importancia.

Los cachorros deben asumir su existencia, tienen que saber que hay algo más que jugar o comer, deben de formar un grupo donde el apoyo mutuo, les permita defenderse de los demás, pero sobre todo de si mismos.

Los esteparios no pueden esperar a que pase la gacela despistada, no pueden esperar a que el verdadero alimento venga a saciar su mente, el estomago y la conciencia de uno mismo, es algo que no puede depender de ninguna suerte, al hambre se le mata o se acostumbra, el otro hambre mata o anula.

Cachorro mío, no esperes que sieguen la hierba, que aclare el día, que llueva a su hora, que los árboles te traigan la fruta, que otra manada te acoja o que te acaricie la luna.

Busca tu momento, aunque sean muchos, forma tu manada, marca tu territorio, levanta la voz y di quien eres, luego si encuentras mas fuerza en los demás, solo habrás ganado respeto a cambio de territorio, pero eso es lo importante.

No indiques árboles que no has marcado, lo extenso de ti no es lo que mida tu territorio ni la calidad de tus pastos, ni la cantidad de tus cachorros.

En mil lugares diferentes no hay pastos ni cachorros, pero rebosan los motivos para compartir vida, dura e ingrata…   pero Vida y Compartida.

 Leonor Canseco

La manada

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            La manada se hace vieja, ya no se juega inconscientemente, ahora hay necesidad de mirarse a los ojos, de romper las vergüenzas que nos frenan, de sentir en algo mas que en el apareamiento, de rugir en paralelo, apoyando la voz en el oído cercano, como una caricia sin manos, tumbarse a rumiar la vida mientras la cercanía, rumia plenitud.

            Los nuevos cachorros desplazaran el sitio, el tiempo y los presentes, toda la vida anterior pasará al recuerdo fugaz de nuestros olores, tenemos que soltar amarras del pasado, olvidarnos de los territorios ocupados, convencernos de un presente, que dudamos si queremos y decidirnos de bruces contra el futuro efímero que nos regala esta vida.

              Los animales, que etiquetamos tan irracionales, no quieren jaulas, ni parques tranquilos donde les den la comida a la boca, ni la comodidad que les mata lentamente, ellos prefieren la duda del comer diario, del dormir intranquilos, de preocuparse por su vida, de poder estar donde quieren, y sobre todo, de ser ellos mismos.

 Leonor Canseco

La sonrisa compartida

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http://elterritorio.com.ar/nota2.aspx?c=8682911278903984

      Dicen que el que está preso de un muro, de una emoción, de sus propios sentimientos, siente cierta perdida de libertad, libertad que es meta, de la gente que tiene sentido de su ser.

 El verdadero cautiverio, es el que nosotros mismos nos ponemos, pensando en nuestra propia soledad, en la amargura tan impotente que sentimos, ante un dolor personal y común, que los demás van a ser incapaces de interpretar.

Al encarcelado le suman mas castigo, aislándole de todo contacto humano y ese aislamiento no físico, el verdadero aislamiento que supone el que nadie sea consciente de tu sufrimiento, es lo que realmente duele y mata.

Si al aislado físico encarcelado, le llega referencia de que fuera de los muros hay constancia de su sufrimiento, entonces no sufrirá, muy al contrario, se sentirá seguro de lo que hace y reforzado en sus convicciones, será uno mismo, con la razón y el respaldo de saber que no está solo, lo que le impulsará con infinitas energías.

Así mismo nos pasa en las cárceles del amor, lo bueno, si no es compartido, es solo la mitad de bueno, pero si es compartido, lo multiplicamos por miles de mariposas a nuestro alrededor.

 Si es amargo, lo tenemos que digerir con la mejor de las mieles, sabiendo que aunque físicamente “estés solo”, en la realidad, “eres importante” para mucha gente, incluida para la propia fuente de amargura.

Saber que desde los muros de tu prisión, percibes un acogedor respaldo, que no te deja sola, tiene que ser suficiente para “ser” y poder bailar el destino que te formes.  

 Leonor Canseco 

El frescor de la tormenta

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Arrimo los troncos pesados y gruesos, que darán el calor de la estancia hasta el amanecer y me refugio despacio a tu costado, sintiendo el escalofrío de la piel al conocer.

Como un beso prolongado, como el silencio que sigue a una palabra  importante, como la comunión de dos cuerpos unidos por el consentimiento, igual que la noche y la mañana, sin saber que parte es de cada quien, siendo todo de ambos, así dejamos que el tiempo nos tenga unidos, y descubrimos que su medición es imposible.

La noche es larga, una de ellas, detrás vendrán mas nuestras y sin dejar de pasar el tiempo,

veo tus ojos pequeños,

tu sonrisa amplia,

tu gesto bueno.

 (Fragmento 3º … de Tormentas)

Leonor Canseco

Tibieza en la tormenta

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Fuego

Junté hojarasca y apilé los maderos, guiados por su grosor y la imagen del cine en mis retinas, apuré el espacio reducido para adecentar el hueco para nuestros cuerpos y te apresuraste a encender el fuego.

La chimenea, grande como en las abadías, estaba preparada para la abundancia y, la madera, fruto del bosque que la deja como muerta, era excesiva. Enseguida la luz del fuego, da paso al calor de los rescoldos y la ubicación, comienza a sonrojarse en su calor.

Las ventanas, pequeñas y de piedra protectora, dejan pasar la luz de la tormenta antes de gritar su furia y eso, nos hace ver lo viva que esta la naturaleza. El silencio de los demás elementos, confirma que los animales están en sus refugios y dentro de nuestro castillo improvisado, nos sentimos en el mejor de los palacios.

El calor comienza a invadir toda la estancia, los utensilios, son nuevamente utilizados y entre las pieles de los arcones, sacamos la tela que nos protege. Nuestras ropas, como carne ahumeándose al fuego, van reponiendo su primera intención, la de abrigar y, el calzado, desgranando su barro al secarse, le deposita a sus costados sin necesidad de ayuda.

Mientras, arropados como salvajes, como habitantes de la estepa en mil años atrás, calentamos nuestro estomago y entonamos nuestros cuerpos, sacándolos de la realidad exterior.

(Fragmento 2º …de Tormentas)

Leonor Canseco