Autónomos

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Disconformidad

         ¿Que tienen los ríos, que en todas las partes se les quiere?, Me comentaba,     – tienen vida, y eso no se deja mientras no se acaba,  todos los quieren y no solo por su agua, belleza y además lo que arrastran.  Siempre que siga las normas de los ajenos y no crezca fuera de sus marcas.

¿Y los arroyos?,  – estos son pequeños, tienen poco agua, en su época secan su cauce y de ellos emigran las plantas.  Se les quiere también por su belleza pero poco por sus riegos de aguas escasas.

   ¿Y esas nubes tan blancas?,  – esas, por sus colores al alba, bonitas en sus formas, con dibujos que nos hablan, dejan pasar la luz del sol y no perturban nada, pero cuidado con su estética parda, con su rigor con el sol y con mojarnos el día, cuanto más peor, menos querremos que vengan a decirnos donde descargan.

¿Y los vientos? -también nos dañan, si son suaves sus caricias hasta nos gustan en la cara, pero si el rigor lo ponen ellos, nos molesta que salgan.  Si se desatan, como a  todo elemento autónomo, le pondremos mala cara.

¿Y las mareas?, ¿Los demás elementos?, ¿Las cosas banales?, ¿Las importantes?, ¿Las para quien?, ¿Las cuanto en cantidad?, ¿Las cómo en qué lugar?.

Son todas como todo, como siempre, como desde el punto de vista del que siente, dependiendo de su mente, engarzado en su destino y cumpliendo su camino, pero siguiendo los rigores de lo establecido, siempre, siempre, siempre queridos, pero como los desiertos, pocas veces amados.

 Leonor Canseco