Duelo por el Rubio

 El abanico oscila ávidamente ante mí, no se da cuenta que en su aire ha quedado prendido un látigo, cuyas colas adornadas con finas hojas de barbero, abofetean mi cara.

 Los destellos del sol en la afilada herramienta, multiplican infinidad de arco iris al responder a la luz de la mañana, pero luego tornan rojizos los despueses al conversar con mi piel y mi pasado.

 Abren mi mente los metales y liberan la basura que encierro, hay sangre podrida y vísceras malolientes, intestinos opacos de digestiones inmerecidas.

 Estoy desilusionado, pensaba que la luz del sol lavaría la imagen de mis miserias, pensaba que la forma de creer en mi, seria suficiente para tutearme con la honradez, pero veo que las miserias interiores son iguales en todos las personas auto-encontradas.

 Habrá que plantearse si el sol ilumina o quema, si el agua sacia o ahoga, o si el cariño destroza o destroza, o destroza después del destrozo, o es posible que solo sea una ilusión que nos frustra y lacera el presente por no poder enquistar el pasado.

 Leonor Canseco

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