Los 796

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Javier Pérez de Albéniz

Cuarto Poder

Cada día es más difícil impresionar a los consumidores de información. La sociedad actual pierde tanto capacidad crítica como criterio, ignora dónde está lo importante y dónde la anécdota. Quizá la avalancha de noticias grises nos encoja las entrañas, tal vez con cada informativo se nos endurezca una miaja el corazón. ¿Un problema moral o cardiovascular? Es difícil entender cómo la noticia de la muerte de un cocinero, que presumía de “vivir al límite” y practicaba un deporte de riesgo, puede despertar un interés absolutamente brutal, mientras que otros sucesos mucho más sobrecogedores, y no menos escalofriantes, pasan desapercibidos o se archivan en nuestra memoria tras un simple comentario.

Han descubierto en Irlanda una fosa común con los esqueletos de 796 niños. Las primeras investigaciones apuntan que los cuerpos de los pequeños fueron enterrados en secreto, sin lápidas ni ataúdes, al tratarse de víctimas de la negligencia de un convento gestionado por monjas católicas que, entre 1925 y 1961, hizo las funciones de centro de acogida de madres solteras. Ciarán Cannon, secretario de Estado de Educación irlandés, ha dicho que el hallazgo de estos restos humanos “se ha convertido en un horrible relato del maltrato, negligencia y completa abdicación de toda responsabilidad en el cuidado de menores muy vulnerables. Y plantea preguntas que no pueden ser ignoradas”.

Estoy completamente de acuerdo. Preguntas que no pueden ser ignoradas. Que afectan a 796 niños, a sus “extraviadas” madres y a una religión, la católica, con una siniestra tradición en la gestión de niños nacidos fuera de su forma de entender la reproducción, la natalidad, la familia.

He visto vídeos del cocinero fallecido, su última entrevista, las opiniones de amigos cercanos y lejanos, gráficos sobre el lugar desde donde se lanzó al vacio, al que se han desplazado reporteros y equipos de televisión, y fotografías de sus saltos, incluído el último, en las portadas de grandes medios. ¿Y el convento de los 796 niños? Podría parecer que ya es historia, que ha dejado de ser noticia. No debería. Por la memoria de los 796 niños, de sus “desviadas” madres, de todos aquellos que han sufrido abusos de algún tipo, e incluso de aquellos que piensan que la Iglesia y sus máximos mandatarios han traicionado a los menores sometidos. La Iglesia ha encubierto los abusos, ha protegido a los pederastas, ha evitado cualquier atisbo de transparencia. Son cómplices en algo mucho más serio que una simple leyenda negra. La memoria de 796 niños enterrados en secreto se merece algo más que una noticia arrinconada en la hemeroteca.

El Gobierno irlandés calificó los abusos de la iglesia en ese país, antes de conocer este último caso, como de “endémicos”. Y creó la Comisión para la investigación del abuso infantil (CICA), que elaboró un informe estremecedor. ¿Y España? Resulta sorprendente que aquí, donde el franquismo concedió a la Iglesia infinidad de privilegios e instituciones, desde colegios a hospitales pasando por hospicios, apenas tengamos noticias de esta clase de “ejercicios espirituales”. Y que muy pocos sacerdotes condenados por abusos estén en la cárcel. ¿La ley del santo silencio? Sí, la misma que antepone los derechos de los fetos a los de los ya nacidos y maltratados.

Fuente: http://www.cuartopoder.es/telematon/los-796/5986

 

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