Dedos

La calle,  !Que gran escuela!

La calle, !Que gran escuela!

Como los pliegues de un acordeón,

 los dedos se van siguiendo uno a otro,

 en sus movimientos ascendentes y tangenciales,

 rectilíneos y envolventes,

 siguiendo un camino de quereres y sombras,

 donde la felicidad toma nombre de persona.

 

Hay un juego prodigioso

 de movimientos uniformes y completos,

 tan completos que maravillan por su ingeniería,

 tan delicado en su danza como en su simpleza, engranados de sigilo y fuerza, convenida y controlada.

 

De una ramificación a la siguiente,

 solo una parte de su sistema se comunica lo que quiere, de un salto al otro,

 todo el sistema cariñoso se dispara,

 y de un cuerpo a otro,

 solamente comparten el universo que reclaman.

 

Son dos espacios,

 dos sistemas en el limitado infinito,

 dos eternidades amarradas al calvario de la sin medida, dos unidades ilimitadas,

 que midan principios o finales,

 esos momentos únicos e inequívocos,

 donde el tiempo,

 se resiste a ser amarrado de ninguna manera,

 luego,

los limites reales,

  despiertan el presente,

 mientras veo cómo te alejas.

 Leonor Canseco

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